
Cuando pensamos en Zaragoza solemos imaginar la Basílica del Pilar, la Seo, el Puente de Piedra o las famosas tapas de El Tubo (y ahora también nuestro espacio de lockers en Zaragoza) 😉. Sin embargo, existe otra Zaragoza mucho menos conocida. Una Zaragoza oculta repleta de historias, mitos y leyendas que han sobrevivido durante siglos y que siguen despertando la curiosidad de vecinos y visitantes.
Desde apariciones inexplicables hasta pasadizos secretos o sucesos relacionados con la Inquisición, la capital aragonesa esconde numerosos relatos que forman parte de su patrimonio histórico y cultural.
Si te apasionan los misterios de Zaragoza, aquí descubrirás cinco de las historias más fascinantes.
La Zaragoza Oculta en 5 historias escalofriantes
¿Qué esconde Zaragoza? Te lo desvelamos a continuación…si te atreves…
1. El fantasma del palacio de Sástago
Pocos edificios históricos de Zaragoza acumulan tantas historias como el Palacio de Sástago.
Construido en el siglo XVI, este espectacular edificio ha sido escenario de numerosos acontecimientos históricos y ha sido sede de la nobleza y centro militar, pero también protagonista de una de las leyendas de Zaragoza más conocidas en la ciudad.
Durante décadas, trabajadores y visitantes aseguraron haber escuchado pasos cuando el edificio estaba completamente vacío, puertas que se abrían solas o extraños susurros durante la noche.
Aunque nunca se ha demostrado ningún fenómeno paranormal, el Palacio de Sástago continúa apareciendo en numerosas rutas dedicadas a la Zaragoza oculta y al turismo de misterio.
¿Realidad, sugestión o simplemente una consecuencia de un edificio con más de 450 años de historia? Cada visitante saca sus propias conclusiones.
2. Los pasadizos secretos bajo el casco histórico
Uno de los grandes mitos de Zaragoza habla de una extensa red de túneles que conectaría algunos de los edificios más importantes del casco antiguo.
La leyenda afirma que existirían galerías que unirían la Basílica del Pilar con La Seo, antiguos conventos, palacios nobiliarios e incluso el río Ebro.
La realidad es algo menos novelesca, aunque igualmente interesante. Bajo Zaragoza sí existen numerosas estructuras subterráneas de distintas épocas: restos romanos, antiguos sistemas hidráulicos, bodegas medievales y refugios utilizados durante conflictos históricos.
La existencia de algunos pasadizos está documentada, pero la supuesta gran red secreta nunca ha podido demostrarse…. pero quién sabe si sea verdad.
Precisamente esa mezcla entre historia y especulación convierte este relato en uno de los mayores mitos de Zaragoza.
Antes de seguir, te animamos a descubrir estos y otros misterios con los mejores Free Tours por Zaragoza, algunos de ellos llenos de misterios y leyendas, la Zaragoza más sangrienta, desconocida y oculta:
3. ¿Qué hay bajo el Pozo de San Lázaro?
A orillas del Ebro se encuentra uno de los lugares que más leyendas ha generado entre los zaragozanos.
Durante siglos, el entorno del antiguo Hospital de San Lázaro estuvo relacionado con enfermedades, epidemias y la atención a los más desfavorecidos.
La tradición popular afirma que, durante determinadas noches, podían escucharse lamentos procedentes de la zona del antiguo pozo, vinculándolos con las personas fallecidas durante las epidemias y supuestos pactos con el diablo realizados por incautos ciudadanos.
No existen pruebas históricas que respalden estas historias, pero forman parte del imaginario colectivo de la ciudad y aparecen con frecuencia en recopilaciones sobre la Zaragoza sangrienta.
4. La maldición de la Torre Nueva
Aunque hoy ya no existe, la Torre Nueva sigue siendo uno de los edificios más recordados por los zaragozanos.
Construida en el siglo XVI, era famosa por su característica inclinación, comparable en cierto modo a la Torre de Pisa.
Su demolición en 1892 generó una enorme polémica, y pronto nació una leyenda: quienes impulsaron su derribo habrían sido víctimas de una especie de maldición debido a las desgracias personales que algunos sufrieron posteriormente.
Históricamente no existe ninguna evidencia que relacione ambos hechos, pero el relato continúa transmitiéndose de generación en generación y constituye uno de los mitos más conocidos de la Zaragoza secreta.
Hoy únicamente una marca en el suelo de la Plaza San Felipe recuerda el lugar donde se levantó este emblemático monumento.
5. El duende de Zaragoza y la voz que salía de una hornilla
Uno de los episodios más célebres de la Zaragoza oculta ocurrió en 1934, en un inmueble situado en el número 2 de la calle Gascón de Gotor. El caso pasó a la historia como el del duende de Zaragoza o el duende de la hornilla.
Los primeros sucesos se remontan a la madrugada del 27 de septiembre de 1934, cuando varios vecinos aseguraron haber escuchado unas inquietantes carcajadas cuyo origen no lograron localizar. Sin embargo, el episodio que desencadenó la alarma se produjo semanas después, el 15 de noviembre.
Pascuala Alcocer, una joven que trabajaba como empleada doméstica en una de las viviendas, se disponía a encender el hornillo de carbón de la cocina cuando escuchó una voz que parecía proceder de su interior. Según las crónicas, aquella voz le pidió que no lo encendiera porque la estaba quemando.
La noticia se extendió rápidamente por toda Zaragoza. Vecinos, curiosos y periodistas comenzaron a congregarse alrededor del inmueble, mientras las misteriosas voces continuaban escuchándose desde la cocina. El fenómeno llegó a movilizar a la Policía, a técnicos y a autoridades judiciales, que inspeccionaron la vivienda, levantaron partes del suelo y revisaron conductos y chimeneas sin encontrar una explicación definitiva.
El caso alcanzó tal repercusión que llegó a aparecer en medios de comunicación nacionales e internacionales. Las sospechas se centraron especialmente en Pascuala Alcocer y en la posibilidad de que utilizara técnicas de ventriloquía, aunque esta explicación nunca pudo demostrarse de manera concluyente.
Las voces dejaron de escucharse, pero el misterio permanece vivo en la memoria colectiva de la ciudad. El inmueble original fue derribado en 1977 y el edificio construido posteriormente en el mismo lugar recibió, precisamente, el nombre de Edificio Duende.
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